El embalaje finalmente se ha desmoronado y se ha desparramado por el suelo todo su contenido.

Año 1985, desalojamos el piso que ocupamos en la calle Molinos de Granada, muy cerca del cine Alhambra. Es el entierro del Equipo G.E.L. Yo me traslado a Sevilla y mis socios no me acompañan. Fin de trayecto.

Con unos cartones tomados junto a un montón de bolsas de basura en el Campo del Príncipe, unos metros de papel kraft y una cinta de embalaje marrón, empaqueto un cuadro junto 15 o 20 pinturas sobre papel que viajarán, detenidas en el tiempo, a lo largo de mi línea del tiempo por tiempo indefinido.

Año 2016, estoy intentando ordenar las cajas y paquetes que se depositaron en una habitación del sótano en la última mudanza. El viejo embalaje ha sufrido al menos 20 mudanzas y su aspecto es de «mírame pero no me toques».

Mi abdomen me hace torpe, y el esfuerzo lo hago con el cuello. Era inevitable el tirón muscular. Demasiada tensión acumulada. Tenía que suceder en algún momento. Fin de trayecto.

Año 1982, Cuenca. Sala Alta. Antiguo hospicio ocupado por artistas raros como perros verdes. A mí me tocó el estudio que había ocupado hasta ese momento mi querido amigo Valentín Albardíaz. Exposición a dos en el mes de julio con Alfonso Medina.

Él partió unos días antes de la clausura y yo recogí la obra sobrante. La que ahora está desparramada por el suelo.

Se nos mueren los amigos, y todo lo que nos queda se desparrama, si no por el suelo, por la memoria. Congoja. Fin de Trayecto.

 

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