Etiquetas

, ,

Mis viejas plumillas de dibujo y caligrafía. Algunas nunca fueron usadas, otras están oxidados por no haberse limpiado bien tras su uso, otras despuntadas.

Los tarros de tinta china están secos. Se evaporó el agua. En su interior la tinta se deposita como brillante sedimento en el fondo y tiñe de negro las paredes del grueso vidrio transparente.

Las últimas que usé, de cristal, siguen en estado de buen uso.

Todo está organizado en un viejo cajón de madera: plumillas, palos, cañas, tarros, trapos, papeles… también duermen ahí algunos viejos tiralíneas de mi época de estudiante y algunos rotring .

Cada año, la noche de reyes, cuando todos dormían, he seguido la liturgia de sacar el cajón y escribir una «Nota Real» para el más pequeño de la casa (Paula, Pedro y Antonio). Este año el cajón permanecerá en la oscuridad del armario quizás para siempre.

Escribir puede ser un arte o un fastidio. Yo he aprendido a escribir a mano muchas veces: lápiz, bolígrafo, pluma de ganso, caña, plumilla, estilográfica, plumín de vidrio, rotulador, lápiz óptico…

Miro las teclas de mi ordenador, son cuadradas y me recuerdan a las redondas de mi vieja Olivetti. Las palabras están en mi interior y algunas nunca fueron pronunciadas, otras se repiten incesantemente hasta llegar a decir poco o nada que resulte útil, otras resultan ofensivas a veces.

Anuncios