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Celebrar la primavera en torno a un árbol el primer domingo de mayo. Así fue popularmente en Europa desde un tiempo que ya ni recordamos. Luego llegó la cruz con sus clavos y su muerto, pero el pueblo la decoró con flores y guirnaldas y los jóvenes más aguerridos siguieron trepando al madero mientras hermosas muchachas entonaban cánticos y danzas en torno suya.
La Festividad de los Mayos. Un mes lleno de celebraciones populares por toda Europa. Imagino como sería aquel mayo de 1808 cuando se levantó el pueblo español contra los Bonaparte, o el de 1968 cuando los estudiantes franceses se levantaron contra la sociedad de consumo, o aquel otro donde los trabajadores anarquistas de Chicago fueron ejecutados por su lucha en la que reivindicaban una jornada laboral de ocho horas…
Celebrar «Los Mayos». Celebrarlo aquí, con la tinta y el papel de este y otros periódicos en la fecha en que la Unesco fijó para celebrar el Día Mundial de la Libertad de Prensa con la intención de «fomentar la libertad de prensa en el mundo al reconocer que una prensa libre, pluralista e independiente es un componente esencial de toda sociedad democrática».
Que no falte el árbol entorno al que celebrar la llegada de la primavera, ni el tronco por el que poder trepar hasta coronar el cielo, ni la sociedad civil decidiendo su futuro sin que lo haga por ella un fondo de inversiones canalla y, sobre todo, que no nos falte la libertad expresada por los periodistas al servicio de una ciudadanía madura y democrática.

(Columna de «Los habitantes de la luna» publicada hoy en la última de El Correo de Andalucía)

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