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La gente miente.

Yo era muy trolero de niño. Inventaba tanto como hablaba. Contar las cosas tal como sucedían era para mí tan triste como los propios acontecimientos, y verlas con otros ojos era poder contarlas con urgencia desde otra mirada.   

La gente se miente.

Ella no lo amaba, nunca se había fijado en él más allá de lo que lo había hecho de cualquier otro de sus muchos conocidos, pero no quería estar sola. Necesitaba sentirse parte del rebaño. Querida… y le dijo que sí y que para toda la vida.

A la gente se le miente.

Su infancia fue un infierno: su padre; el accidente; las mutilaciones faciales; los largos años opositando; las masturbaciones pensando pecaminosamente en la oscuridad de aquella habitación de infancia que no terminaba de quedar atrás.

 Vivimos rodeados de mentira.

Por mucho que nos lo propongamos, en algún momento de nuestra vida, nos mentimos, mentimos a la gente, la gente nos termina mintiendo y la mentira nos acosa. Somos la únicos seres del planeta con esta singularidad: mentirosos y depredadores. 

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