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Empecé a tratar con periodistas desde muy joven, siendo casi un niño. Puedo decir que las cosas importantes que he aprendido en mi vida profesional se asientan en los sólidos cimientos de mi paso por la redacción y los talleres de un periódico de provincias.
Durante un tiempo muy significativo de mi vida realicé el camino junto a grandes periodistas que se movían a la sombra de otros más pequeños. 
Hay momentos en los que me siento uno de ellos. Como la otra noche, en la entrega de los premios que otorga la Asociación de la Prensa de Sevilla (APS). Los sobradamente merecedores del premio fueron los trabajadores de este periódico, con los que me sentí totalmente identificado a través de las palabras que pronunciaron. 
Allí, sentado en la penúltima fila de aquel teatro, sentí el orgullo de tener amigos periodistas escuchando el valiente, digno y necesario discurso de Rafael Rodríguez, presidente de la APS. Que gran profesión y cuantos magníficos profesionales tiene aunque no lo parezca.

 

Texto publicado en la última de El Correo de Andalucía coincidiendo con su 115 aniversario.

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