Bajo mi balcón pasáis, como los guijarros contra el lecho del cauce en el río corriente abajo. Pasáis y os veo pasar arrastrados como por un agua turbia que quizás sea la última que transcurra por este cauce humano.

Bajo mi balcón os detenéis, como los inanimados guijarros depositados en el seco lecho de una antigua torrentera polvorienta que ya nadie podrá ver.

Bajo hasta la calle y miro hacia arriba, hacia donde hace un momento observaba yo los brillantes guijarros, corriente abajo, golpearse unos contra los otros. Y cierro los ojos e intento recordar el rumor del mar cuando yo no era más que un brillante guijarro.

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