Hay cosas que sabes sin saber cómo. No te las enseñaron tus mayores, ni las leíste en libro alguno. Tampoco lo escuchaste en la radio o lo leíste en una revista. Sabes que lo sabes.

Escuchas al tipo ese argumentando lo contrario de forma documentada y sólida, pero no sabe lo que dice. Tú sabes que no sabe.

En algún momento te planteas dudas y las razones que las motivan. Hay veces que te olvidas de que lo sabes y dejas de saberlo para terminar maldiciendo no haber hecho caso de tu profundo conocimiento. Te sucede una y otra vez: los prejuicios nos superan y minan nuestra percepción. Nos aferramos a la lógica que nos han impuesto y ésta sólo nos hace menos lógicos.

Sí, ya lo sé, a mí también me pasa. Desaprender es doblemente difícil. Nos hacemos mayores y engreídos. La ignorancia que vamos adquiriendo es difícil de superar y casi siempre terminamos sintiendo un estúpido ego que es premiado por nuestro entorno social. Ellos son más estúpidos y su fascinación por nuestras estúpidas afirmaciones ponen en valor las suyas. 

Es lógico que dudes, si no lo hicieras correrías peligros y nos han enseñado a ser conservadores: del tiempo, la vida, las creencias, los odios. Es lógico que dudes, pero no lo es que insistas en la duda, porque sabes lo que sabes. Haz la prueba: pregúntate algo muy difícil. Algo que no sepa nadie. Ya verás como tú terminas teniendo la respuesta. Hay cosas que sabemos. Lo sabes.

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