El corte de pelo y el rubio pintado por canas le da cierto aire de soldado raso alemán del 39, licenciado antes de llegar al frente gracias a sus evidentes signos de incapacidad mental que provocaron a un superior, que vio en él los mismos rasgos de su hijo el “inocente”, y quiso devolverte al seguro y confortable hogar lejos del frente. Y la guerra es ahora la que él monta contra gentes de paz en la vanguardia social del siglo XXI en un pueblo perdido del sur.

Ya te supe ver aquel día en que nos presentaron. Ya te mostraste incapaz de ver más allá de tus claras cejas. Ya parecías entonces un busto parlante de voz hiriente y monótona entonación. Ya me pareciste el mediocre que has revelado ser. Ya nos hiciste aquel día perder el tiempo. Ya, ya…

No has aprendido nada de los maestros que te rodean. No sabes leer desde la lúcida explicación de los otros. No te interesa crecer. No tienes estatura más que para escuchar tu triste vocecilla de muñeca a pilas a la que han grabado veinte frases neutras.

Sabe que no interesa a nadie su esperpéntica y burda imitación de quienes sin éxito intentaron enseñarle. Sabe que las mentes inquietas de cuantos le prestan atención no están a su alcance hoy. Sabe ver en el brillo de los ojos de cuantos le escuchan que no consigue hacerse entender. Sabe que ellos saben.

Nada, no sabe nada. Nada, no entiende nada. Nada, no siente nada. Nada, ni inocente. No es nada.

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