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Te miro desde lejos, sin apenas conocerte, convencido de saber lo que te impulsa ¿me equivoco como tantas otras veces?

Miras mi cogote sin saber que tengo ojos en él y distingo tu alharaca tierna y creíble de quién se empeña en ocultar sentimientos. Como un ángel de Rilke.

Observa desde muy lejos a grupos, conjuntos, familias… sin ver rostros. Sólo manchas. Números. Parece respirar mientras hace su cálculo mental, pero no es más que carbono.

Os miramos en silencio pasar, satisfechos y gordos ladrones del futuro de nuestros hijos, que moriréis de extrañas y dolorosas enfermedades que ni el más canalla de los mortales merece.

Nos veis y sentís una profunda preocupación por nosotros. La misma que sentimos por vosotros, desde el mismo afecto, desde la idéntica circunstancia.

Tantos por conocer, con quienes compartir, mirar, aprender, descubrir, inventar…

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