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    Sucede, cuando vamos para viejos, que nuestras
    largas argumentaciones son interrumpidas por alguien que tiene una
    respuesta más corta que la nuestra. Más corta en todos los
    sentidos. Sucede, cuando nos vemos crecer interiormente, que
    nuestras observaciones en voz alta suelen estrellarse contra muros
    de compactadas neuronas. Ni graffitis les pintan nuestras emociones
    a esos muros. Sucede, cuando elegimos amar a enamorarnos, que
    llegará el reproche de las desairadas endorfinas ajenas. Reacción
    al chocolate que ingieras. Sucede, cuando esperamos el paso de los
    apus apus, que la primavera ya es otra. Y los poetas no la evocan.
    Este año no la evocan. Sucede, cuando me llamas desesperado, que no
    consigo escucharte con mi ruido. Grito y nadie parece poder oírme.
    Sucede, cuando suceden las cosas más terribles, que no termina de
    suceder nada. Será porque estamos todos muertos.
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