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RECUERDO las estivales tardes en silencio, guardando la siesta de mi padre, en las que el rosario en voz alta de las vecinas constituía el rumor que selló, en el imaginario de aquellos niños que fuimos, una tristeza solo comparable a la letanía que llega hoy desde las tabernas donde aquellos niños ya adultos, ateridos por el miedo, se lamentan de su incierto presente y trágico destino en lo universal.

Y ESCUCHO hoy en la radio a uno de aquellos políticos que protagonizaron un tiempo ahora rememorado y las voces del grupo de periodistas que le entrevistan suena a lejana letanía de viejas aburridas en tardes estivales en las que un cansado y ateo camarero de provincias no puede pegar ojo por los irritantes rezos de sus vecinas con las que no se habla por ser la hijas del carcelero de su padre.

LAMENTOS de profesionales de la información ante un protagonista de aquella Universal Exposición de 1992 en Sevilla que se cuestionan si no habrá un argumento que justifique en un futuro no muy lejano otra celebración que nos eleve una vez más al estatus de capital ilusionante del mundo por unos meses sin que a ninguno de ellos, incluido el muy elevado entrevistado, fijen su vista en Magallanes y el año 2019: cuando uno es incapaz de mantener en pie un huevo difícilmente puede rodear el mundo.

DESESPERADOS ciudadanos que se reúnen entorno a sus lamentaciones y hacen de ellas una pesada carga que llevan hasta lo más profundo de las pesadillas de quienes son velados ahora por niños sin imaginarios que no sean proyecciones en perversas consolas electrónicas llegadas a millones desde el imperio del sol naciente y reproductoras de extrañas letanías sonoras digitalmente machaconas y más desesperantes que diez mil beatas españolas rezando al unísono en una calurosa tarde de verano.

DE UNA situación como ésta, a la que nos han llevado los capitalistas especuladores y rateros carteristas institucionales que nos gobiernan, no saldremos solo con la elevación al cielo de nuestras plegarias ni durmiendo siestas de las que no participen hijos tan cansados como sus padres por la fatiga de las altas temperaturas y las agotadoras letanías vecinales.

ESPAÑA ha vivido un sueño de libertades y bienestar social difícilmente asumible por los pegajosos que durante siglos recurrieron a la demonización de esos valores y otros como la democracia, el laicismo, el conocimiento, las artes, las ciencias y cuantos valores puedan alimentar el crecimiento de los pueblos y su autogestión, por lo que se han aliado con otros pegajosos demonizadores europeos e invocan una vez más su macabra letanía con la que reducir a la mínima expresión a su enemigo natural en vías de evolución.

AGONIZANTE recibía la extrema unción aquel hombre que se negaba a morir sin un coro de diez mil vírgenes implorando por su alma al Dios que le había insuflado toda su justicia y sinrazón dejando tras de si una siniestra red pegajosa formada por pegajosos personajes con la capacidad de reproducirse así mismos hasta reducir todo a una lacónica letanía en nuestro desaliento y teñir de gris este pequeño mundo al sur de Europa que ya se apaga.

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