Etiquetas

, , , , , , , , , , ,

Cada vez que ves esta imagen, en papel baritado, ligeramente virada al sepia, con zonas mal fijadas y otras desenfocadas por la larga exposición en la placa y la impaciencia de alguno de los retratados, con los blancos márgenes dentados y una esquina chafada y torpemente restaurada con papel celo, tu cerebro no termina de asumir que se trata de tu familia. Sigues pensando que esa gente es muy antigua, que sus vestidos son muy pobres, que su piel es muy oscura, que esos sombreros parecen de zíngaros, que los grandes atillos a manera de maletas amontonados en ese andén son un anacronismo del que casi te avergüenzas. Pero sí, esa es tu familia, en un día cualquiera en la historia de este país, quizás solo unas horas antes de que tú nacieras, en ese viaje a ninguna parte de los agredidos sin piedad por el Estado insurgente y fascista. Es tu familia, y millones de fotos como esa se guardan en cajas de zapatos atiborradas de historias de otras personas que como tú no terminan de asumir su pasado.

La fotografía es en blanco y negro. En ella aparecen tus padres, tus tíos, tus primos mayores, unos niños del vecindario con aspecto de parias, tus abuelos y alguna persona que ninguno de los fotografiados que siguen con vida tienen la menor idea de quién puede ser.

Algo aburrido de escribir y leer chascarrillos en tus redes sociales hoy has decidido tematizar tu inmersión en la nube. Te apetece mirar en las galerías fotográficas de tus contactos. Siempre es divertido encontrarse con viejos conocidos a los que no ves desde hace décadas, observar que ellos también han desarrollado voluminosos abdómenes y sufren alopecias tan acentuadas como la tuya. Pero además de amigos y conocidos también tienes familiares entre tus contactos en la red. Siempre te pareció raro saber que esos eran tu padres y tus abuelos, tus genes en estado puro y ahora, en el muro de un primo lejano está expuesta a la vista de todos y tú has sido etiquetado. Tu nombre está sobre la fotografía y le tienes que dar la razón a tu chico que ya te advirtió sobre los riegos de aceptar la solicitud de amistad de alguno de tus familiares.

Apagas el ordenador y maldices a tu familia. Mañana será tu cumpleaños y tu chico, con la intención de que os riáis sanamente un rato, está envolviendo con un bonito papel el regalo que te llevará a la cama junto a un desayuno preparado con todo su cariño. Te regalará un libro: «Mi familia y otros animales» y te arrancará una sonrisa, porque aún mantienes algo del buen humor con el que lo enamoraste. Feliz cumpleaños.

Anuncios