Etiquetas

, , , , , , , , , ,

Esperaba con ansiedad a la roñosa y cicatera parca pero apareció ella: inteligente, joven y hermosa. Por distinta a como me imaginé siempre a quien me acompañaría en el último paseillo, confundido, dudé sobre si no sería ella, pero no. Era la gota de agua que cae sobre la semilla casi seca que se resiste a no ser vida. Y germiné.

La vida es un camino lleno de vaginas invisibles por las que no dejamos de nacer. Somos paridos o abortados muchas veces a lo largo de nuestra vida y es difícil desprendernos de esos traumas y olvidar el dolor, hacer desaparecer las marcas sobre nuestro cuerpo, sobre nuestro karma.

Mi vida hasta ese momento había sido vivida con intensidad y gota a gota agotada. Hay intensidades que matan, también los vampiros y el aburrimiento.

No quería otra cosa que un final para aquel cuerpo gastado que pudiera ser el principio, otro principio, para aquella mente llena de promesas. Pero era cobarde y de mi garganta solo brotaba el nombre de Átropos. También, a la vista de mi ineficaz llamamiento llegué a invocar al tío del saco, pero ni modo.

Me enseñó a vivir. También a morir. No me permite hablar de ella a terceros como ya habréis observado. Hoy no puedo escribir de otra cosa que de ella, es lo que me pide el cuerpo, pero por respeto a ella aquí lo dejo. Que Mujer.

Anuncios