Aún hay quien recuerda aquel verano de principios de siglo: eran todos tan cándidos, ingenuos, crédulos, tan antiguos…

Malos años. Muchas familias vivían en condiciones muy precarias. Familias que habían pasado en muy poco tiempo de vivir con desahogo a perder lo que habían conseguido en toda una vida de duro y digno trabajo se veían abandonadas a su suerte ya que el Estado les impedía cualquier posibilidad de progreso. Terrible periodo de entreguerras aquel que se prolongó más allá de lo rentable para los poderosos.

La sociedad civil había sido tan sometida por el Estado que perdió toda capacidad para distinguir democracia de dictadura, y la pantomima en la que vivían se fue endureciendo al extremo de atomizar todo movimiento por la defensa de los derechos civiles. España siempre fue como un cerdo al que se engorda libre en la dehesa con ricas bellotas y frescas trufas para finalmente morir con un cuchillo en el cuello y desangrado. Jamones, los españoles no son más que jamones ibéricos bien curtidos colgados en un secadero. España es un gran secadero de jamones, y en aquel tiempo mucho más.

La desinformación de la población era total a pesar de una aparente libertad de expresión en la que los ciudadanos podían decir abiertamente lo que pensaban pero los medios de comunicación estaban en manos de los señores que con todo el control sobre el dinero público y privado corrompieron todas las Instituciones Públicas y privadas de norte a sur, de este a oeste de Europa.

Dicen los que lo recuerdan que fue el agosto más caluroso en décadas, lo que contribuyó de manera decisiva en los acontecimientos de septiembre.

Este es un país de memoria débil. Un territorio donde cientos de miles de ciudadanos asesinados, por los rebeldes golpistas levantados en armas contra el orden legítimo otorgado por los ciudadanos democráticamente y causantes de la guerra, aún duermen el sueño de los justos en fosas que nunca serán abiertas por los jueces y los políticos siempre cómplices de los señores. País de castas y jamones.

Como digo llegó septiembre tras aquel largo, negro y caluroso agosto, pero sobre eso no puedo hablar, tendré que esperar, no soy adivino.

Que duro aquel agosto de 2012.

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