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Tienes la edad que tenía tu padre el año en que naciste, pero él parecía más joven que tú a pesar de llevar sobre sus espaldas el cansancio de más años trabajados que los que tú podrás cotizar en toda tu vida. No, no estoy hablando te ti. De hecho tú nunca naciste: tu padre, a pesar de su juventud intuía que criar a un hijo era una titánica tarea para la que no había sido llamado y mucho menos preparado.

Fue uno de aquellos partos que se prolongan durante horas, días… Tu madre había salido de cuentas hacía ya varias semanas, y al parecer no había liquido amniótico dentro del saco, por lo que el sufrimiento fetal estaba minando tu frágil vida antes de empezaras a vivirla. No, no estoy hablando de ti. De echo tú nunca saliste de la placenta de tu madre, ella decidió dejar de existir en el momento mismo del parto: El dolor la atrajo hacia la realidad y la vocación se tornó arrepentimiento y olvido con el cosido de la cesárea .

Es curioso como en un tiempo donde la importancia de las castas vuelve a tener vigencia en Europa, más que nunca digo, te comportes tú como el destino parece exigirte y le des la razón a lo irracional (el Estado) y asumas ser un innombrable. En tiempos donde solo lo virtual parece tener valor, y ser lo único «tangible», tú eres la encarnación hecha carne de esa virtualidad y como un ser de 8 bits intentas sobrevivir en un mudo que parece reservado ya solo a los de 32 bits.

Vivir es una decisión que tomamos, como podemos llegar a tomar la de renacer. Sí, no naciste en aquel parto, pero podrías haber nacido en cualquier otro de los muchos momentos en que la vida te mostró la luz al final de la gran vagina invisible que nos permite renacer tantas veces como seamos capaces de desearlo.

No eres mi hija, porque yo no la tuve. La paternidad es un estado psicológico producto de una educación basada en roles más que en deseos o sentimientos. Es terrible, ya lo sé, pero no más que el hecho de que tu madre tampoco nunca vio la luz en su nacimiento: no existe. Solo sois una proyección que hago sobre fantasmas, dos de entre los muchos millones que hemos creado para poder sentir que vivimos en sociedad, que tenemos una cultura, que estamos vivos y constituimos una civilización.

Salgo a la calle y veo a madres y padres jugar con sus hijos en el parque, en la plaza, por las calles… me pregunto si habrán nacido mayores y pequeños, si son seres reales, si tienen sentimientos, sufrimientos, recuerdos… me palpo, paso mi mano por mi rostro, la arrastro por la cabeza hasta llevarla y detenerla en la nuca. Presionando allí me pregunto, detenido, girando sobre mi mismo y el mundo, si soy algo más que un fantasma proyectado por ti.

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