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Poco a poco los cuerpos se van enfriando. El sol ya no se mira en la tierra y la tierra poco a poco se enfría. Los pueblos poco a poco se enfrían y olvidan que fueron pueblo.

Estáis bajo la tierra, despojos de ilusiones y vidas, húmedos huesos junto a restos de zapatos y fibras de lo que un día fueron las prendas que cobijaron vuestros jóvenes y vigorosos cuerpos ahora disueltos en la tierra misma.

Es un fastidio como siempre que quiero ir a Granada para encontrarme con algún viejo familiar, amigo o conocido, surge algo en Sevilla que me lo impide. Gracias a internet y las redes sociales puedo ver hoy una foto en la que no aparezco pero en la que puedo decir que estoy. Viejos amigos de adolescencia, y nuevos amigos, recuerdan con sus instrumentos y la música de aquellos a quienes ahora son una mezcla de memoria y tierra bajo nuestros pies.

Mamá, una de esas balas que desconcharon ese muro del viejo cementerio atravesaron antes el cuerpo de tu padre. No he podido tampoco este año ir contigo y recordar sobre esa tierra y contra ese muro a aquel joven que bien hoy podría estar siendo enterrado en ese mismo cementerio después de una larga y plena vida en paz y libertad. De haber muerto hoy lo habría hecho con 96 años.

Poco a poco nuestros cuerpos se van calentando. Han pasado demasiados años como para que nuestra memoria siga en una fosa común y no sobre la fresca hierba que crece bajos los rayos de este hermoso sol que ahora se nos niega, como siempre, por los verdugos de la España eterna.

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