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El fondo de armario es el de otra familia, como la despensa o la repisa con los productos de higiene en el cuarto de baño. Cuando vemos en ese cajón, esperando ser entregadas al banco, las llaves de la casa en la que nacieron nuestros hijos y donde están enterradas las cenizas de mi padre y tu tío, sentimos que éramos otros. Cuando doblamos la ropa tras la colada todavía no resulta familiar su nuevo olor. Cuando mi hija mayor nos visita, y se me acerca para abrazarme y darme un beso, no consigue recordarme con el perfume del after shave que siempre usé. Cuando no tenemos más remedio que usar el coche, no conseguimos recordar donde pudimos finalmente aparcarlo la última vez. Cuando pensamos en la última vez que tú y yo salimos a cenar fuera… ¿alguna vez lo hicimos?

Tras esta traición al pueblo es como si la nuestra fuera otra familia, pero no: es la misma. Metidos en el quinto año de resistencia podemos decirte, querido amigo funcionario, que tienes toda nuestra solidaridad y comprensión, que aquí nos tienes para todo aquello en lo que podamos serte de ayuda. No te derrumbes, de todo se sale, te lo digo yo.

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