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Que difícil es responder cuando te sientes tantas cosas a la vez, de tantos lugares; de tantas especies… y nos obligan a mentirnos, y todo porque ellos precisan de engañarse ¿qué eres; de dónde eres; cuanto ganas; de quién eres; cuál es tu apellido; qué estudiaste; qué título tienes…?

Harían falta varias vidas para poder sentirse dentro de una sola piel; un solo cuerpo; un solo yo. Siendo tan corta (…) una vida, resulta duro que nos obliguen a ser solo un periodista, un cocinero, un administrativo, un policía…es muy corta una vida para que nos resignemos a vivirla reduciéndola a un oficio, un modelo meramente profesional…un uniforme.

Ayer, ante una ficha de inscripción en un formulario digital, me quedé «pillao».

Me encuentro con viejos compañeros de trabajo, de vida, y me recuerdan que parte del camino lo hice con ellos; que aprendimos juntos y juntos enseñamos; que soñamos juntos; que juntos fuimos burlados; estafados… y me atranco ante la primera pregunta: Año de licenciatura_______

Siempre esquivé la oficialidad y la burocracia y busqué el conocimiento sin cortapisas. Me senté junto a los maestros que lo eran por tener el conocimiento y no acepté los preceptos teóricos de quienes nunca tuvieron auténticos maestros y sus conocimientos encorsetados estaban al servicio de la evaluación ciega, estadística, anónima.

Todo cambia para seguir igual. Me levanto de madrugada, como siempre lo hice, para aplicar mi conocimiento. Con mi índice despierto a la CPU y ésta hace lo propio con el monitor… Año de licenciatura_______

No contesté, dejé en pantalla el formulario sin contestar. Sin dudarlo un segundo cierro la aplicación. Abro el editor de texto y ante una pantalla blanca con cursor parpadeante decido dedicar cinco minutos a escribir del tirón este texto en el que me reafirmo en lo triste de un sistema que insiste en no ver al individuo más allá de un papel timbrado… con título o sin él, no soy nada.

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