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Hay quien para endurecer su corazón agarra la piedra más grande que sus fuerzas soportan y golpea sin piedad contra algo o alguien

Hay quien para no afrontar la obligada reflexión choca su cuerpo contra la piedra más grande que encuentra en el camino y memoriza las coordenadas para poder chocar tantas veces se le presente la futura obligación de la reflexión: el dolor es un gran remedio contra el pensamiento.

Hay quien busca una piedra y hace de ella un hito entorno al que organizar su vida: adoración, súplica, perdón, milagro, redención…

Hay quien siente sobre sus espaldas el peso de una gran piedra: pesada carga que suele doblar el peso de la persona por la que se siente; descabalgarse al invisible jinete suele ser tarea casi imposible ¿quién se sube a las espaldas del ser querido sabiendo el dolor que ocasiona y no da un brinco sobre sus piernas sanas y libera las sufridas espaldas?

Hay quien ve en una piedra tallada la única belleza y riqueza que su burda existencia puede llegar a poseer, siendo capaz de arruinar miles de vidas para ello.

Hoy miraré en el interior de una piedra, y me instalaré ahí esperando que la piedra se convierta en los ojos , el espíritu y la masa gris que determinen si hay algo más que un triste individuo observando una piedra.

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