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Estabas recién salido de la facultad. Trabajabas en un diario con un contrato en prácticas, en aquella época no existía el concepto «becario» en España. El periódico te mandó a cubrir la inauguración de mi exposición y me entrevistaste.

Pasaron los años y mi recuerdo de la entrevista y de ti era tan malo como tu entrevista, pero apareciste otra vez. Yo había ganado años atrás en concurso público un contrato para diseñar una revista periódica editada por una administración pública. Realicé el trabajo durante años hasta que hube de concursar de nuevo ante el «reto de superar una nueva etapa desde un nuevo aspecto de la revista: había que hacerla más atractiva; más moderna; más barata; más creíble…»

Ya había comenzado la crisis y perder aquel trabajo significaba despedir a otro trabajador. El concurso estaba envenenado, lo evidenciaba el cortísimo plazo que se me daba para realizar el proyecto y entregar la propuesta. El director de la revista no entendía del todo la necesidad de cambiar de diseño, según la última encuesta era el diseño lo más valorado entre los lectores con mucha diferencia.

La propuesta ganadora, curiosamente, fue una que imitaba al 90% al diseño existente, y la propuesta económica era más alta que la mía ¿qué había pasado entonces? ¿cual había sido el criterio aplicado para la adjudicación?…

La crisis está siendo larga y dura. Supe que eras uno de esos periodistas colocados a golpe de dedo para dar golpes en la mesa en nombre del amo, incapaz de dar respuestas responsables a los problemas que tú mismo producías. Tenías que garantizarte la poltrona, el hueco cuando tu amo cayera o saliera huyendo, o simplemente fuera depuesto por su inutilidad manifiesta. Provocaste un fraude administrativo con recursos públicos en beneficio de tus amiguitos, tus futuros empleadores cuando ya no estuvieras en la pública. Yo tuve que despedir a una persona que no tenía posibilidad de que ningún amiguito del partido le colocara…de ningún partido.

Estoy sentado en un banco de Plaza Nueva y cada 17 segundo pasa mi hijo con su patinete y me saluda, como lo haría desde un tiovivo de feria. El banco es doble y a mi espalda te has sentado tú, con las mangas de tu camisa remangadas. El jersey lo llevas informalmente doblado sobre un bolso de cuero colgado en bandolera. Se te ve cansado y la cara algo descompuesta, pero en tu conversación por el móvil te muestras arrogante y auto suficiente.

En una de sus frenadas con derrape, mi hijo cae al suelo y yo salto de mi asiento para asistirlo: no ha sido nada. Tú reparas en mi presencia y tardas menos de un minuto en entrarme; haces como que consultas en tu iPhone alguna cosa… te levantas y te acercas a mi y me preguntas si sigo diseñando… yo te contesto con otra pregunta ¿y tú, sigues haciendo tráfico de influencia y extorsión a pequeña escala?

El 25 de marzo está cerca y sea cual sea el resultado en las elecciones andaluzas se que encontraras una caseta, una cadena y un hueso para morder. Buen perro.

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