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Me observo, últimamente me observo. Cuando escribo con un grafito sobre un trozo de papel, y recuerdo días en los que un papel y un grafito eran el universo profundo en el que me sumergía y nadie, ni yo mismo, podía observarme.

Me miro, últimamente me miro. Cuando paso la cuchilla por mis mejillas enjabonadas, recuerdo días en los que impregnaba con guesso una cruda tela de lino tensado y nadie podía mirarme allí dentro, ni yo mismo.

Me hablo, últimamente me hablo. En el silencio de la noche, cuando todos parecen dormir, susurro tu nombre y me transporto a un tiempo en que era sordo, ciego y mudo por que no conocía tu nombre.

Me pienso, últimamente me pienso. Y las ideas que fluyen me hacen ir a momentos en los que estando allí conmigo, ni me observaba, ni me miraba, ni me hablaba, ni me pensaba: el mundo no existía y yo parecía feliz.

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