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Ninguna lucha como la anticapitalista para hacernos de oro. Ninguna revolución como la feminista para terminar de joder a las mujeres. Ninguna ley como la de igualdad para convencernos de que somos distintos. Ninguna dieta para perder peso mejor que no tener nada que dar de comer a tus hijos.

Nada como una asamblea para acabar con toda posibilidad revolucionaria. Nada como el más fervoroso anticlericalismo para que nos broten estigmas en los pies, en las manos y en los costados (…). Nada como gritar consignas insultando a las madres o aludiendo a las inclinaciones sexuales de los políticos para terminar votando directamente a los que defienden las causas de los males que sufren esos gritones. Nada como quemar banderas para dar la vida por una de ellas.

Todo lo que está sucediendo en la mal llamada crisis económica es economía planificada. Todo el dinero que se les de a los bancos para su rescate será manifiestamente insuficiente para alcanzar los sueldos demandados por los directivos de esos mismos bancos. Todo cuanto los estados se ahorren a costa de empobrecer a sus pueblos será proporcionalmente la cantidad que ingresarán los responsables de la operación para acabar con la sociedad de los derechos civiles. Todo cuanto hagamos para luchar contra la corrupción de políticos, banqueros y especuladores será utilizado en nuestra contra.

Solo nos quedan nuestras manos. Solo tenemos que salir en masa a la calle. Solo nos falta la mala leche necesaria para detenerles la respiración. Solo tenemos una salida.

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