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,Tienes la misma edad que uno de mis hijos, pero tu porte es mayor, tu rostro menos diáfano y careces de sentimientos, aunque sobre esto tengo mis dudas: cuando sentimos amor, apego, afecto, deseo o posesión hacia algo o alguien ¿nuestros sentimientos no se le traspasan automáticamente y ya son suyos?

Durante años te cuidamos, nos preocupamos de mantenerte sana por dentro y por fuera, te aseamos y calentamos, te embellecimos y maquillamos, te singularizamos sobre las demás cuando las otras empezaron a rodearte, y no dejamos que nadie te intimidase, ni siquiera ese despreciable personaje de acento extraño que te acosó (aún lo hace) y siempre nos tubo enfrente (nos tendrá…).

No, no te hemos abandonado querida, nos apartan de ti, dictaminan orden de alejamiento, primero por el deseo de lo ajeno y después… después por el desprecio a lo ajeno.

Ya no te quedan ni las lágrimas, el sauce se te arrancó. El sistema de hidratación dejó de funcionar y no fue reparado, tu epidermis se resiente y agrieta. Se te ve greñuda, desaliñada, despeinada, más que un corte necesitas una poda.

Tu interior empieza a enfriarse. Tus órganos internos se han ido desconectando uno a uno. Por tus arterias no bulle la vida. Estás sola y me dicen que ya no eres mía, que dejarás de serlo en breve, que otro te penetrará… o no. Quizás mueras de vieja sin que ya nadie te habite. Quizás solo estés en nuestra memoria… me pregunto si nosotros estaremos en la tuya.

Adiós vieja y querida casa hipotecada.

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