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…no siempre entendemos las respuestas. No siempre estamos dispuestos a entender las respuestas. No siempre estamos capacitados para entender lo que no podemos ver… intentar ver una película en 3D con las gafas preceptivas y sólo tener un ojo nos hace muy difícil percibir lo que perciben los que nos rodean con sus dos ojos… pero un tuerto (o ciego) puede entender (ver con claridad) la historia que se cuenta en esa pantalla 3D, y no así todos los que le rodean, que con sus dos ojos sanos y las gafas muy bien caladas se quedan en la filigrana e ignoran el mundo que se les muestra, no ven el argumento…

Desde niño hay una frase que me ha acompañado y llamado poderosamente la atención, es aquella de «Que detengan el mundo que me bajo». Nunca pude montar en norias u otros artilugios de feria, el cuerpo se me descompone y queda roto por horas. La frase sobre el movimiento trepidante del planeta, sobre todo de niño, me resultaba balsámica: la idea de que pudiera hacerse posible me aliviaba de un mareo permanente…

Ahora, que voy para anciano, siento como si el propio planeta se esté acelerando, que el tiempo corre más vertiginoso, como cuando en mitad del viaje alguien anuncia que se orina y el conductor acelera para alcanzar ese destino próximo en el que hacer parada para que nos bajemos todos a estirar…

…estaría bien, tras la parada, y todos ya en nuestros asientos, tomar la sabia decisión de dar media vuelta, de cambiar el sentido de la rotación, de volver sobre nuestros pasos y reencontrarnos con paisajes de los que, por la oscuridad de la noche pasada, no pudimos disfrutar…

…y ahora, pregúntate por qué lo sabes…

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