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Algo extraño me está pasando… creo que me estoy haciendo mayor y me reconozco descreído. No, no creo nada de casi nadie. Son muchos años viendo en torno a mi, yo mismo, una concentración importante de auto engaño complaciente que proyecta hacia los demás la propia irresponsabilidad. Sin embargo empiezo a apreciar cosas que antes ignoré, que no vi, de las que me burlé… es como si el puzzle que tuviera que ver un segundo antes de mi apagón definitivo estuviera sobre la mesa con todas sus piezas bien colocadas y lo que toca es recoger… sí, es época, hablo de mi, de ordenar, de archivar, de garantizar un buen descanso a los legajos que acumulé.

Tengo la necesidad de dejar de utilizar una jerga que hablan aquellos en los que ya no creo: los que me la enseñaron están fallecidos, solo viven en mi memoria y, ahí dentro, sobran las palabras…

En los últimos años he perdido a personas muy queridas y/o admiradas.

A mi padre lo conocí desde siempre y con la edad, con mi propio envejecimiento, me acerco cada día más a él: lo sigo descubriendo. Cosa curiosa la memoria, lo mismo podemos perderla al extremo de no recordar ni nuestro propio nombre, como podemos inesperadamente revivir con gran intensidad momentos agazapados en pliegues de nuestra memoria que nos asaltan como franco tiradores y nos hieren mortalmente para el resto de nuestra vida (te cito… y me llenas de orgullo)

Ramón ya nos está, éramos amigos íntimos virtuales (esto dejó de ser así un día que decidimos viajar, encontrarnos y abrazarnos). De él me quedan huellas y rastros en mi propia CPU, pero también en la nube… lo rastreo y me conduce a nuevos amigos, nuevos afectos, a grandes y entrañables desconocidos, a nuevas «creencias» (te cito por ser el último en irte…)

…aquí sigo, intentando colocar palabras con discreción, sin ofensa… quiero construir, simplemente, en este remanso, mi opinión.

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