La aparición de las redes sociales me fascinó, como me suele suceder con lo nuevo, con lo innovador, con lo que me hace sentir que el mundo se mueve bajo mis pies, lo que me hace sentir que tengo que correr para no perder el paso… pero es una trampa. Siempre caigo en la trampa, siempre caigo en la red… el sistema es perverso y me conoce: ¡soy tan previsible… somos tan previsibles!…

Primero el caralibris (facebook) y después twitter (menos) me hicieron abandonar mi viejo blog, mi fiel cuaderno de bitácora. He llegado a él tras múltiples laberintos y llaves de otras puertas… casi no llego. Una vez dentro todo me pareció tan viejo, tan inútil, tan detenido en el tiempo… como yo. Ahí quedará, olvidado, otro difunto de los míos…

Este es un nuevo intento, una nueva posición del peón, una nueva etapa. Quiero dar mi opinión, pero esta vez me escucharé sin hacer caso del ruido de fondo, sin escuchar el eco de las voces que di ayer. Son tiempos para la honestidad y yo me la exijo ahora. Esta es mi casa y están todos invitados, solo hay una premisa: el respeto mutuo.

No esperen grandes cosas de mi, por que yo sí las espero de ustedes…

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